Una inclinación de amor

Cuando era pequeña, recuerdo que una de las misas que más disfrutaba ir con mi familia era la del Jueves Santo en la noche. Me encantaba ver la representación del lavado de los pies. Siempre despertó en mi sensaciones entrañables. Todavía lo pienso y llegan resonancias especiales a mi corazón. Aunque hay mucho más alrededor del simbolismo del Jueves Santo, me quedo con el Lavado de los Pies en mi reflexión de hoy. Este fue el evento en el cual Jesús lava los pies a sus discípulos, compartiendo a través de su acción, un ejemplo de amor, humildad y servicio.
Me llegan hoy, dos mensajes a la vez. Uno ligado al cuerpo y otro al alma, aunque en realidad nada está separado.

Si nos remontamos a aquel tiempo históricamente, las personas se calzaban con sandalias, los caminos eran pedregosos y llenos de polvo, por lo tanto los pies habitualmente estaban sucios. Cuando se llegaba a un destino, luego de una larga caminata, era costumbre lavar los pies y esa tarea de lavado, la hacían los siervos. Durante la última cena, Jesús se quitó el manto, se ciñó la toalla y lavó los pies a cada uno de sus discípulos para mostrarnos, en un humilde acto, el más elevado servicio. Para lavarnos los pies a nosotros mismos o lavar los de otros, necesitamos inclinarnos y hacernos pequeños. Al inclinarse, Jesús nos regaló un poderoso modelo de servicio, de compasión, de amor y una vía para la liberación.

Los pies, por otro lado, son la parte de nuestro cuerpo que está en contacto con la tierra. La vida se percibe a través de los pies y a través de ellos la llevamos a todo el cuerpo. De igual forma, por medio de los pies descargamos el excedente de energía, sobre todo cuando caminamos descalzos. Los pies son nuestro cable a tierra. Para la Medicina Tradicional China, la tierra es uno de los cinco elementos (agua, madera, fuego, tierra y metal) a través de los cuales se explican todos los procesos energéticos del universo. La tierra representa la seguridad, el cobijo, el arraigo, la nutrición, la abundancia y la generosidad. Cuando este elemento está en equilibrio nos sentimos protegidos, bien en nuestra piel, en calma. La tierra representa el centro. Fortalecer nuestra conexión con la tierra es fundamental para instalarnos en la realidad presente, centrándonos en la importancia de cada momento.

Actualmente, vivir “con los pies en la tierra”, sentirnos estables, firmes, a veces cuesta. La incertidumbre y la preocupación por lo que puede suceder, por el futuro hacen que nuestra mente se dispare y permanezca mucho en el análisis, la información, lo externo, lo de afuera, buscando recuperar la seguridad. También el lamento por lo perdido, por lo que quedó atrás, por lo que ya no es, nos ocupa. Fácilmente nos escapamos al futuro o al pasado, y nos distraemos del presente. Cuando perdemos nuestra conexión con la tierra, salimos del centro, nos separamos de la fuente de la sanación y bienestar. Nos desconectamos de la capacidad de cuidarnos y alimentarnos con amor a nosotros mismos.

Volver al cuerpo y a los pies es una invitación especial del día de hoy: volvamos al centro, pongamos los pies en la tierra, volvamos al ser, recuperemos el presente, volvamos al amor.

Por eso te propongo un rico y amoroso baño de pies, seguido por un toque sanador para ti. Inclínate ante ti, toca tu cuerpo y tu alma a través de lavar los pies. Recupera, a través de ese acto amoroso, tu valor, tu unidad. Experimenta tu cuerpo desde otra mirada y consciencia, solo ahí encuentras el presente.

Y te invito a empezar contigo porque verdaderamente no puedes dar lo que no tienes. Llénate primero, fortalécete primero y podrás servir y dar sin agotar tus reservas. Recuerda el segundo mandamiento del propio Maestro “ama al prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 29-31). Con esta frase nos pone muy claro que el servicio expresa desde en el latido del propio amor.

El lavar los pies es un arte sanador que ha sido practicado, por muchas culturas con diferentes propósitos. José Luis “Libre”, autor español que se dedicó a enseñar el Arte Olvidado de Lavar los Pies, hace una reseña de los lugares donde esta práctica se usó: En el lejano Oriente, especialmente en China, para tratar diversos males y enfermedades; en Siberia, los anfitriones recibían a sus invitados lavándoles los pies, saludando a sus ancestros, recibiendo a sus visitantes como hermanos; los egipcios muestran grabados de lavado de pies en sus pirámides; en América del sur, los toltecas decían que a través de nuestros pies podemos hacer la reconexión de nuestras huellas con la de nuestros ancestros; en América del norte, los hopis y otros pueblos originarios, mantuvieron diferentes enseñanzas y prácticas rituales con los pies, como una forma de mantenernos en contacto con el alma y con Madre Tierra; los cristianos cotos, los israelitas, los árabes, los monjes, e incluso en la edad media, el rey Luis de Francia lavaba los pies a sus súbditos como símbolo de hermandad, humildad, servicio y entrega; en el último siglo, Robert St. Jones, notable médico y humanista hacia curación a través de los pies.

En fin, es mucho lo que podríamos seguir hablando de los pies. En las prácticas actuales, tenemos la reflexología. Los pies tienen el mapa de todo el cuerpo y al trabajar sobre ellos llegamos a partes distales y beneficiamos la salud de esos órganos. Por otro lado, también los pies son registros de informaciones antiguas propias o heredadas de dolor, así como el origen de patrones que nos llevan a transitar un determinado camino y que está conectado con la influencia de nuestro árbol genealógico. Por eso lavarnos los pies y masajearlos con aceites perfumados nos abre las puertas de la liberación.
Puedes poner un recipiente con agua tibia, sal y la esencia de tu preferencia (lavanda, rosas, jazmín, naranja, eucalipto…), puedes agregar pétalos u hojas si quieres. Deja descansar tus pies sin intención ni juicio. Pasa tus manos, ofrece tu amor, respeto y atención, hasta que lo sientas. Seca con cuidado, cariño, reconoce los pasos que han dado los de atrás y los que tus pies te ha permitido dar. Acarícialos, masajea con aceites perfumados, honrando, a través de ellos a todos los que han caminado en esta tierra. Honra todos tus pasos, todos tus aprendizajes, bendice tu caminar, tus vivencias traumáticas y déjalas ir. Recupera la humildad de reconocer que no hay nada que puedas hacer ante lo que ha pasado. Recupera tu tierra, tu estabilidad, el cobijo, la seguridad, el centro, el presente, regresa a la fuente de sanación y bienestar. Recupera tu Ser R.E.A.L.
Sírvete, regálate la oportunidad despertar la fuerza de tu propio amor. Sigue andando, con pasos firmes. Seguro, cuando te inclines ante otros pies, podrás reconocer los tuyos.

 

Te deseo lo mejor, 

Raquelina Luna

www.raquelinaluna.com

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NY, jueves 29 de marzo 2018

 

 

 

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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