En el aniversario de mi renacimiento

Hoy hace justamente un año que recibí una nueva oportunidad de seguir viviendo. Hace un año empezó lo que yo tomé como una renovación de los votos con la vida. Celebro un año de haber dicho Sí y haber renacido en el Amor.

El 2017 inició con un gran cambio para mí. El día 4 de enero, fui operada de un Carcinoma Medular del Tiroides, un tipo de cáncer poco frecuente, muy agresivo en la teoría médica y en mi caso con metástasis en ganglios cervicales. Como a todo el que le dan un diagnóstico de esos, fue de gran impacto en el momento, no obstante después de darle espacio a lo que sentía y darme el permiso de expresar mis miedos, mi rabia, mi angustia… me repuse y me entregué a vivirlo desde la opción que me daba, desde la lección que me traía, desde la invitación que me hacía. No pedí nada, no planifiqué, solo asentí y asumí. Acepté el reto de iluminar lo que podía haber sido una oscura experiencia de enfermar.


Después de recibir el diagnóstico, tuve 37 días hasta la cirugía. En vez de desesperarme por la espera, ese tiempo lo tomé de Gracia, me di la oportunidad de entregarme con todo mi ser a fortalecerme, en contacto con mi poder creativo, confiada en que todo lo que llega tiene un propósito mayor. También convencida por mis estudios médicos integrativos que mi cuerpo tiene un diseño especial de autorregulación y que podía ayudarlo a remover, a reparar, a revitalizarse. Desde ahí asumí lo que le toca a cada paciente, tomar en sus manos el proceso de sanación. Ahora se trataba de mí y de ser coherente con lo que tanto he predicado a mis pacientes y lo que digo en mis conferencias.


Recurrí a todos mis recursos, que afortunadamente son muchos, por mis estudios, profesión, estilo de vida y por mi trabajo personal previo. Ya tenía una base por la manera como me alimentaba, porque hacía ejercicios físicos, por mis prácticas de meditación, etc. Tenía las herramientas y la consciencia para afrontarlo de una manera proactiva.


Desde la medicina oficial, el primer paso era la cirugía; para la medicina que hago, el primer paso era prepararme en todos los órdenes: física, mental, emocional y espiritual. Y a eso me dediqué, a “preparar el terreno” a estar en las mejores condiciones posibles para que mis células respondieran óptimamente. Ha sido la mayor experiencia de rendición y a la vez compromiso conmigo que pueda recordar en mi vida.
Mis días estaban enfocados en darme lo mejor que podía, más descanso, tratamientos preparativos con acupuntura, ozonoterapia, sueros con altas dosis de vitamina C, homeopáticos inyectables, suplementos, enemas de café y claro, la dieta anti-cáncer que ya había asumido hacía tiempo.


Diariamente tenía una rutina larga, que llevé con disciplina y gratitud en mi corazón, por un lado porque me daba una opción de respuesta diferente y por otro porque la tenía a mi disposición, me sentía privilegiada. Lo más importante: estaba viva!


Mis regalos fueron muchos, algunos los descubrí luego de la cirugía. Por ejemplo, encontrar que había convivido con un cáncer agresivo por unos 30 años y que en mi se comportó amablemente. Eso lo supe junto con mis médicos en mis posteriores chequeos. Es algo que todavía estoy procesando.


Ha sido tanto que no puedo mencionarlo todo, las sincronicidades que se dieron para recibir las primeras pistas con mis médicos en RD y luego encontrar el mejor equipo médico del Mount Sinai, NYC, para ser diagnosticada, tratada, seguida hasta el día de hoy. Tener mi equipo de Lunavital, mis colegas amigos que aportaron desde la distancia con sugerencias o desde la cercanía, haciendo tratamientos para mí, fue invaluable.
La verdad es que excepto por mis colegas amigos y familia inmediata, elegí mantenerme en silencio y hacer todo más privadamente, para mantenerme más enfocada, para tener tiempo para mí y para evitar dispersar la energía positiva que estaba creando. Me necesitaba a mí. Además, recibí todo lo demás que necesitaba en ese momento, quienes oraron conmigo, los que me cuidaron, los que viajaron para acompañarme y los que me dieron apoyo desde el corazón.


Mi mamá, mis hermanos, entendieron el mensaje y respetaron mi decisión. Me dieron el amor, el soporte y a la vez el espacio. Edward, mi compañero de vida, recibió la noticia conmigo y se tragó sus lágrimas para contener las mías, fue y es el mejor acompañante de travesía.


Afortunadamente los resultados de los monitoreos posteriores han sido sorprendentes para todos mis médicos, pues además de la remoción de la tiroides, extrajeron 35 ganglios, de los cuales 6 resultaron positivos. Sin embargo, no he tenido que hacer nada más invasivo, luego de la cirugía. Solo he seguido los tratamientos integrativos, esos que conozco bien, que he ofrecido a otros por 25 años y que aún sigo haciendo, ahora menos intensamente. Siempre mantuve informados a mis médicos tratantes de todo lo que iba a hacer para prepararme y mantenerme. El propio cirujano al ver la velocidad de mi recuperación física y la respuesta de mi cuerpo me dijo: no entiendo de esa medicina que practicas, pero la respeto, sigue haciendo todo lo que haces porque ha funcionado. Ya él me dio de alta hace unos meses y solo me doy seguimiento con la endocrinóloga.


El aprendizaje ha sido intenso e inmenso, iré contando más de él poco a poco. Hoy estoy de fiesta en mi corazón y sentí que era el momento de compartirlo.
Lo agradezco todo, sin cambiar ni un segundo de lo vivido. Agradezco cada intermediario del universo para yo crecer, para aumentar mi temple, para apoyarme, para asumirme a mi con todo lo que soy. Agradezco los momentos de oscuridad y de luz, de miedo y valor, de muerte y vida y sobretodo de amor y reconciliación. He podido ejercer mi fuerza co-creadora, sentir mi poder y ver la vida con ojos renovados.


En el proceso sentí en carne propia lo vulnerable que es la vida, lo imprevisible. A la vez sentí el poder que hay dentro de mi cuando estoy en contacto con mi Ser R.E.A.L, con Dios en mi. Ese poder que me permite fluir con lo que es, dar una respuesta diferente en las más difíciles circunstancias; Yo elijo como respondo, sí se puede, lo viví en grande.


Agradezco a mi tiroides, ahora una mariposa de Luz, haberme permitido vivir sin mayores alarmas durante tanto tiempo, darme el chance de encontrar su mensaje, recuperar mi balance físico y reconstruir el puente dorado que representa en mi cuerpo.
Hoy celebro mi renacimiento, celebro un año de sanación y amor.


Raquelina Luna
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Dra. Raquelina Luna © 2016
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