Luego de mi Pausa

Como tu y como muchos, la mayoría de las veces trabajo con mucha intensidad y llevo mucho al mismo tiempo. Y aunque me encanta lo que hago, llego a puntos en que por ser tanto, se convierte en tensión y a veces en agotamiento. Eso me pasó este mes. Lo que felizmente te comparto es que cada día estoy más conectada con balancear ese movimiento rápido y cargado de lo cotidiano, con momentos y espacios de pausa consciente. Por eso este fin de semana pasado, que además tenía un feriado por añadidura, me lo dediqué a mi, a compensarme, a gratificarme, a seguir cultivando el arte del no hacer.


Miro atrás y veo cuantas veces en el pasado muchos de los espacios de aislamiento fueron forzados por mi propio cuerpo, al enfermarme porque llevaba mi sistema al extremo. No conocía la palabra descanso. No tenía incorporada en mi sistema la palabra vacaciones, ni las pausas, aun fueran de pocos días.


Y al decir pausa, no dejo de conectarme con el libro que recientemente puso en circulación mi amiga Jethel Fiallo, en el que narra fantásticamente su experiencia como corredora y que contrastantemente lo llamó “Pausas”. Y es que las pausas son tan importantes para el balance de la vida,  como el propio movimiento. Cuando digo esto me llegan los silencios entre las notas musicales, responsables del ritmo, del efecto que produce la música. Una vez leí que el silencio tiene la misma importancia expresiva que el sonido y que el silencio y las pausas son indispensables para crear tensión y otros efectos en la expresión. Igualmente en una conversación, para poder entendernos, necesitamos pausar, respirar. El mismo efecto en la entonación que producen las comas, los puntos y comas, los puntos en un escrito.


Las pausas nos permiten, no solo descansar, recargar, sino también vivir en contrastes y darle otra dimensión a la consciencia de los tiempos. Nos permite reconectarnos, volver a nosotros, reencontrarnos, volver a nuestro ser y a contactar de nuevo con nuestro latido, con nuestro propio ritmo, con los sonidos de nuestra propia esencia. Volver a eso de los que nos desconectamos por estar en contacto tan directo con todo, por estar tan expuestos a dejarnos llevar por las demandas de afuera; por las mil y una formas en que la era de la comunicación nos ayuda a conectar con los demás y a desenfocarnos de lo propio. Y nos agotamos, nos drenamos, nos cargamos, el estrés nos distrae y nos empaña los cristales impidiéndonos ver nuestro Ser REAL.


Volviendo a mi retiro, aproveché para hacer mi acostumbrada depuración de otoño, por cierto, igual que la primavera son las estaciones ideales para hacer dietas desintoxicantes o depurativas. La naturaleza entra en renovación y nos invita a ella, a despojarnos de cargas, de toxinas, de pensamientos que nos siguen limitando, en fin, todo eso que acumulamos y que es hora de soltar.  Aproveché y me desconecté de redes, del constante intercambio a través de mensajes, textos, llamadas…Me dediqué a no hacer y a seguir el impulso del antojo del momento presente. Fue un detox para mi cuerpo y para mi alma, como me merezco.


Fue especial también compartirlo con Celeste, amiga que estaba en la misma sintonía.  Nos fuimos juntas a los Montones, San José de las Matas. Compartimos la abundancia de dejarnos servir, la tranquilidad de la montaña, la fuerza de la tierra, la frescura del campo… Unas cuantas caminatas, meditaciones, siestas, alguna que otra conversación, largos silencios y hasta una corridita que terminó con un rico baño en “Aguas Calientes”, para recibir el bálsamo sanador y renovador del agua de la sierra. Nos acompañó la luna en su grandeza de este ciclo. Esos 3 días dejaron una estela de buen sabor en mi boca, como el de guayaba maroteada; de sensaciones en mi cuerpo, como la textura de las nubes claras de la mañana; aromas a resina de pino y el eco repetido del canto de los gallos en la madrugada.


Regresé con fuerzas renovadas, un poco más ligera, nutrida de mi propio amor, con la decisión de seguir escuchando mi cuerpo y mi corazón. Con la promesa de reencontrarme una y otra vez hasta que no me separe más…Y aunque lo había planeado desde antes, ahora más que nunca dispuesta a expandir esta práctica para que también tengas la oportunidad de hacer tu pausa consciente en el 2018, como te mereces. Te acompañaré en el Retiro R.E.A.L y te compartiré mucho de lo que hago para mi. Te invito a iniciar el año vibrando con la más Alta Gracia y sintonizando con otra consciencia, la del merecimiento, la del amor a ti. 
La cita contigo es el 19, 20 y 21 en Los Bohíos de Campo Añil, en Jarabacoa. Si quieres unirte, escríbeme y te mando más detalles. Cada día más convencida de la necesidad de retirarnos para reencontrarnos, para eso y más son las pausas.

Te deseo lo mejor, y te espero!

Raquelina Luna

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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