En tiempos de amor, florece la vida.

Este fin de semana estuve con mi amiga y colega Karina Pereyra quien impartía el excelente programa que diseñó llamado Love Vision, en Lunavital. De manera muy resumida, este taller gira en torno a transformarnos fortaleciendo el propio amor, llevándolo a nuestras relaciones, comenzando con la propia y extendiéndolo a todas las áreas de nuestra vida.


Cuando terminó el trabajo, me fui a visitar a mi mamá y además del regalo que es de por sí estar con ella, estar en su jardín es otro gran regalo. Llegar ahí fue sentirme expandida de inmediato y esa sensación fue en aumento mientras, junto a ella, recorría todo el patio, mirando cada rincón, cada planta florecida, escuchando sus historias de su relación con cada una… Recorriendo y mirando su jardín florecido, abundante, colorido, me daba el permiso de tomar a esa maestra jardinera en toda su grandeza.


En la vía para restablecer ese propio amor y renovar los votos con nosotros mismos, la primera estación es mamá. La madre es el primer referente de relaciones y primer referente de la energía femenina. Sanar la relación con nuestra madre es volver a conectarnos con la vida, es conectarnos con esa energía receptora y multiplicadora. Durante los primeros nueve meses de existencia, conocemos la abundancia de la naturaleza a través de esa vasija luminosa que entrega su propia esencia incondicionalmente. Por eso al tomar conscientemente a nuestra madre, reanudamos el fluir de la abundancia en nuestra vida y tomamos el permiso para florecer.


Hace un tiempo aprendí que la relación con la madre es la base sobre la que se construyen todas las demás relaciones. Para la mujer, representa la referencia del modelo femenino y para el hombre va a representar el modelo de mujer por el que se va a sentir atraído o va a rechazar, es decir que condicionará su elección de pareja y la relación con ella, entre otras. Y más allá de los roles, cuidar y restablecer esa vinculación es la ruta para una vida próspera, feliz y abundante en todos los sentidos: pareja, familia, hijos, profesión, economía, relación social, etc., en un fluir continuo.


En otras palabras, nuestra abundancia está ligada a nuestra capacidad de amor incondicional y agradecimiento incondicional también. Esa integración psíquica de mamá se traduce en salud, bienestar, relaciones más balanceadas, una vida más próspera financieramente, mayor nutrición física y emocional, más amorosa y alegre con un brillo especial que irradia vida.


Hoy ha sido un día de seguir nutriéndome de vida, de revelaciones milagrosas y de sentirme regalada de muchas maneras. Qué bueno es confirmar que voy en buena vía de recuperación de mi propio amor. Qué dicha de que mi propia generadora de vida me sigue dando las mejores lecciones del cuidado de mi propio jardín interior, a la vez que me da el permiso para tomar mi abundancia y florecer. Es tiempo de amor…Gracias mami.

 

Te deseo lo mejor
Raquelina Luna
www.raquelinaluna.com
Santiago, 22 de mayo del 2017

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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