Una Despedida en Amor y Gratitud

 Supongo que alguna vez te habrá pasado, estar triste por haber perdido a alguien especial y al mismo tiempo tener un profundo sentimiento de gratitud en el corazón que, como un bálsamo poderoso,  te calma y te contiene.  Pues así me siento en este momento y te lo comparto.  

La celebración de Thanksgiving siempre me pareció especial aunque no la celebrara en la forma tradicional hasta hace algunos años, luego de estar unida a la cultura norteamericana por mi matrimonio.  Esta y  muchas otras riquezas agregadas son parte del “te tomo a ti y a todo lo que viene contigo”, que ha venido junto al “sí” de mi decisión de casarme.   Han sido muchos los regalos extras que me ha traído esta relación y uno de ellos,  muy especial, fue Bob, A. Robert Smith. Y el día de Acción de Gracias este año, ha sido diferente, gracias a él.

La última vez que vinimos a Virginia Beach para visitarlo, lo entrevisté, como él solía hacer conmigo cada vez que nos encontrábamos. En su mente reportera, su hábito indagador y su corazón interesado por todos los que le importaban, siempre había preguntas para llegar a cada uno de una manera distintiva.  Esa vez le tocó a él,  y una mañana en la que nos quedamos solos en la casa, luego de compartir un rato, tomé papel y lápiz y empecé de repente a hacerle preguntas.  Esa “entrevista” espontánea,  nunca la terminé de redactar hasta hoy, dos días después de Thanksgiving, en el mismo lugar donde la hice, antes de salir a su Memorial.  

A los 91 años de un ser como Bob, con una vida tan completa y plena, un hombre activo y apasionado con la vida, cobra sentido el famoso dicho “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.  Ante mi tenía al experimentado, al que había vivido, a la persona perfecta para aprender. Y yo que me la paso hablando de bienestar, de secretos para la salud y mantener la energía, etc,  reconozco que una cosa es estudiarlo y otra cosa es vivirlo por tanto tiempo y de tan buena manera. Por eso escucho a quien considero que tiene la autoridad para hablar y eso hice con Bob, escucharlo. 

Este señor, que fue esposo, padre, abuelo, bisabuelo, amigo, hermano, ciudadano, militar, marino, lector, periodista, editor, escritor, ser humano… desde que lo conocí se convirtió en un modelo y cada encuentro, siempre alegre, era un verdadero disfrute. Ir a su casa, se convirtió en un viaje esperado y parte importante de nuestra agenda de prioridades familiares.   Los momentos alrededor de la mesa, a cualquier hora, fueron muy ricos. Un café, un té,  noticias de lo que pasa en la familia, política, actualidad, salud, libros, ideales… 

Ese día, cuando me levanté,  él estaba en la mesa de la cocina donde leía su periódico y hacía sus crucigramas, tenía preparado su café y había ido a montar su triciclo como todas las mañanas.   Me saludó con su inolvidable sonrisa, así como lo visualizo cada vez que cierro mis ojos y pienso en él. Me siento a su lado y empezamos una charla casual,  que terminó en mi entrevista, con Westy, su perrito, dando vueltas a nuestro alrededor.  

Con mi afán de ser escritora y seguir este ejercicio de plasmar mis vivencias, comencé preguntándole sobre sus libros, sus secretos para seguir escribiendo y terminé interrogándolo sobre lo que hacía día a día para mantenerse como estaba, con su mente tan brillante, su maravillosa forma de estar, su salud y su independencia. 

Lo primero a resaltar es su buen humor, jovialidad,  su amabilidad y empatía… y sin perder su sentido crítico, su capacidad de analizar cualquier situación, siendo compasivo, eligiendo no juzgar y buscando el lado positivo de todo. 

Bob fue oficial militar en la 2da Guerra Mundial. Luego fue periodista, ganador de varios galardones; además de ser corresponsal en el Congreso de EEUU, teniendo la oportunidad de entrevistar a 7 presidentes; fundador y editor de la revista Venture Inward, publicó más de 10 libros y numerosos artículos.   Por otro lado, un hombre sencillo,  de mentalidad abierta, admirador y estudioso de Edgar Cayce de quien escribió una biografía en su libro My Life as a Seer: The Lost Memoirs of Edgar Cayce, entre otros.  Su implicación en el estilo y enseñanzas de Edgar Cayce fue sin duda una parte importante de esas experiencias de vida. Amante del golf, del billar, interesado en la literatura, las humanidades, el conocimiento del ser y la espiritualidad abierta. 

Su cuerpo saludable, su pasión por la vida y su disciplina le permitieron recuperarse, casi milagrosamente,  de un derrame cerebral masivo que lo dejó sin habla a los 85 años.  Luego de cumplir sus 91 años, este mismo año, publicó su décimo libro: Robert´s 101 Rules of Order for a Good Life. ¿No es para admirarlo y seguir su ejemplo?  Al final de sus 89, yo estaba presente cuando su hijo Edward le sugirió que escribiera un libro con sus 89 reglas del buen vivir. Cuando cumplió sus 90 años nos compartió las primeras 13 durante la fiesta. Muchos fueron los que le pidieron copia y le animaron a continuar.  Más tarde,  se inspiró en las palabras de una mujer, quien  durante una reunión  Quaker,  dijo: "Dios es Amor". Cuando meditaba sobre esto se dio cuenta de que él realmente veía a Dios como una energía de amor y perdón. Esto le dio el último impulso para terminar de condensar su experiencia de vida y que otros pudieran vivir lo que para él significaba la buena vida, que no era más que vivir en el amor. 

“Ya no puedo hacer todo lo que antes hacía, sin embargo me siento afortunado y agradecido de hacer todo lo que hago a mi edad”, me dijo.  Su día iniciaba con un recorrido en triciclo de 2 millas en tiempos de verano o si el clima lo permitía, de lo contrario, iba al gimnasio; todo a su ritmo y sin prisas. Leía el periódico en versión papel y digital, se mantenía informado de lo que acontecía y un poco más, siempre alerta de lo que pasaba en su entorno.  A esa edad se preparaba  su propio desayuno, trabajaba un rato en el jardín y alternaba con su lectura del libro de turno. Leía su asignación del grupo de lectura, aunque a veces se le cansaban mucho los ojos y ya no leía tanto como antes; al final del día un rato de televisión para las noticias y de vez en cuando una buena película.  Cada semana se reunía con su grupo de lectura en el que se mantuvo activo hasta el final, igual que sus reuniones de quakers. 

Su vida estaba llena, completa, sin espacio para aburrirse y con mucho para compartir. Le encantaba hacer actividades en su casa y recibir sus amigos de los diversos grupos que tenía. Pocas cosas lo molestaban realmente “a mi edad no tiene sentido guardar cosas incómodas mucho tiempo”. 

Revisaba casi a diario sus inversiones en la bolsa de valores,  y aunque en realidad no se preocupaba mucho por eso, sin embargo le daba seguimiento y riéndose me dice “un poco de previsión para el futuro, es saludable”.  Intercambiaba por correo electrónico con frecuencia, tenía su perfil de Facebook aunque no lo veía ni actualizaba mucho, se ocupaba él mismo de la alimentación de  Westy, investigaba  algún tema de su interés online, escribía  y procuraba hacer un crucigrama todos los días para mantener su cerebro haciendo nuevas sinapsis…todo eso sin apuros, porque “no hay razón para andar apurado” y  sin saltarse su siesta de la tarde, que era sagrada. Así vivió hasta el día antes de emprender su vuelo.

Por otro lado me dice: siempre me he ocupado de mi salud, seguir una buena nutrición, tener alimentos orgánicos, de calidad. Cuando era niño comía mucho lo que se cultivaba en la finca de su abuelo quien con frecuencia traía frutos y vegetales frescos a toda la familia. Y me agrega, “también tuve la suerte de compartir mi vida con buenas cocineras que me alimentaron muy bien”.   Ah, y “sigo las órdenes exactas de mi doctor, me tomo los medicamentos cuando los necesito y mis suplementos nutricionales”.  “Nunca he fumado y por suerte cuando intenté una vez fumar cigarros mi esposa me puso a elegir entre ella o los cigarros”. 

Y con esta nota jocosa termina nuestra animada conversación, entre anécdotas del pasado, viviendo muy en el presente y una mirada de reojo al futuro…

Fue un gozo escuchar sus historias de cuando era militar, de cuando era reportero y estuvo con grandes personajes, con políticos, cuando visitaba la Casa Blanca, con igual ánimo que cuando contaba anécdotas de la infancia de sus hijos, los desayunos que disfrutaba preparar los domingos, los paseos y viajes en familia o la alegría de tener su primera visnieta en las piernas. Fue un privilegio conocerlo y además enriquecer mi árbol de familia con él.

Hace una semana y tres días siguió su ruta hacia otro plano, en un tiempo perfecto  para convocarnos alrededor de la mesa del día de acción de gracias, y junto a nosotros en el corazón, darnos una última lección, mostrándonos, después de su partida,  el camino de la gratitud y del amor. 

Este sabio hombre, que estaba muy vivo hasta que la muerte le vino a visitar, el día antes de partir, le dijo a su hija Dana: “el paraíso debe ser un buen lugar donde ir”…

Buen viaje al paraíso, buen viaje a la Luz, Bob. Por Siempre Gracias!

 

Virginia Beach, Nov 26, 2016

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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