100 x 1, el resultado de fluir con el corazón.

Las tiendas ponen sus especiales que dicen 2x1, pague uno y llévese 2…y hasta 3… A mi me tocó 100 x 1 este pasado fin de semana, y cuidado si más.  ¿Por qué 100? Pues porque cuando yo era pequeña,  un billete de 100 pesos era lo máximo que me podía imaginar y cuando se decía “eso vale más de 100”… para mi sonaba a la mayor fortuna.

El viernes pasado estaba preparada para asistir como organizadora, de parte de Lunavital,  a una formación en Psicogenealogía, cuyo programa fue diseñado y es facilitado por  mi amiga y terapeuta Karina Pereyra. La semana había sido difícil para ambas y lo que estamos manejando es mucho, sin embargo decidimos seguir adelante con lo que ya estaba agendado desde hacía varios meses y ninguna quería cambiarle el plan a la otra.  A última hora hablamos más abiertamente y nos dimos cuenta que era más conveniente y sano ser flexibles y posponerla para el siguiente mes,  sobretodo tomando en cuenta  que ella lanzará su nuevo proyecto Love Vision muy pronto, este mismo mes y tiene mucho encima (a propósito, no te lo pierdas).

Todo fue muy rápido y para mi, que por lo general ando con la agenda ajustada, fue como quedarme suspendida por un instante ¿y ahora qué? Ahí mismo, todavía en el teléfono,  tuve el impulso de decirle que en la misma tarde, a la hora que se supone estaríamos empezando el grupo de Santiago, me iría a Santo Domingo a compartir con ella y otros amigos.  

Así lo hice, me fui en Autobús.  El Caldero empezó a cocinarse y llegué a la reunión que se organizó cuando anuncié que iba.  Este es un grupo muy especial de amigos con el que comparto desde hace algún tiempo de manera virtual.  Hacía mucho que tenía deseos de participar presencialmente con ellos, sin embargo, con otros compromisos, mis viajes y el mucho trabajo que he tenido, gracias a Dios, no había sido posible hacer coincidir mi agenda. Y por fin se dio. Ellos se alinearon conmigo y se armó un rico encuentro de almas vibrando en la sanación y la prosperidad. Hablamos, nos reímos compartimos una cena exquisita, música, un poco en serio, un poco en broma,  unos cuantos vinitos, el ritual típico de esos encuentros.  Lo sentí muy especial,  cálido, acogedor, amoroso… empezó  mi 100 X 1.

Como parte del “paquete de oferta”,  me reencontré con esa parte mía aventurera, de rápidas decisiones, lista para el disfrute y lo diferente. Esa que me ha dado tantas vivencias enriquecedoras y emocionantes y que a veces se queda guardada por más tiempo del que me gustaría, por las famosas agendas, que por otro lado también adoro. 

Es maravilloso reconfirmar el regalo que trae el comunicarnos bien y el estar en apertura al cambio de planes en pos de una mejor gestión, sin dejar de responsabilizarnos.  Eso tiene que ver con uno de mis propósitos más importantes de este año: soltar, confiar y  rendirme a lo que es.  Definitivamente que  alivia y abre otras puertas, sobre todo las del corazón. 

Me evidenció una vez más  lo importante que son los amigos y lo bueno que  es contar con seres que estamos en una sintonía particular desde el lugar de cada uno y desde el Ser de cada uno. Juntos sumamos, nutrimos y recargamos. Hace mucho tiempo aprendí que nadie puede hacer el trabajo de nadie y que cada ser humano es responsable de su propia travesía, de su propio proceso, sin embargo cuando se persiguen objetivos en común y se comparte, el camino es más agradable, colorido y sostenido.  Y en los momentos en que se te apaga la llamita, el otro te puede compartir de la suya para volver a encenderla, ahí el apoyo es invaluable.  

Regresé a Santiago al día siguiente, luego de un rico desayuno en exquisita compañía.  De las 2 horas y media que duró el trayecto, 2 me la pasé tranquilita, escuchando música que me gusta y relajada, haciendo una introspección de la última semana.  Casi llegando, recibí el aviso de un amigo que estaba vendiendo orquídeas, justo las que estaba queriendo hace tiempo pero que no había podido salir a buscar. Me dije: cuando estás en sintonía con el corazón, lo que buscas sale a tu encuentro ¡Qué agradecida me sentí!.  Pasé esa tarde muy contenta, fui a buscar mis matas con otra amiga y su hija a un  bazar que había en el centro de la ciudad y pasamos un tiempo divertido, entre jabones artesanales, licores de frutas, atrapa sueños, orquídeas y conservas deliciosas. Y por fin llegaron las plantas a la canasta de una de mis ventanas. 

Y para colofón del fin de semana,  un domingo en casa, relajada, en silencio,  conmigo, en atención, mimo y cuidado de mi misma.  El día terminó en familia,  celebrando el cumple de mi querido sobrino Guille. A veces la vida nos trae mucho más de lo que pedimos, en especial cuando fluimos con ella y nos dejamos sorprender….agradecida de mis 100.

 

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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