Una Cuarentena Recuperando a Mamá

Ayer estaba dando una charla en un grupo muy especial que participaba de un retiro de liberación espiritual al que fui invitada en New York; el tema giró en torno al estrés y el sistema de familia. Desarrollando el tema llegamos al punto en que veíamos esa parte especialmente inconsciente que heredamos de nuestra madre y cómo la relación con ella permea todos los órdenes de nuestra existencia y condiciona todas las demás relaciones.

En el mismo grupo surgieron imágenes muy contundentes que me hicieron reflexionar y conectarme con la idea, todavía más fuerte de la que he tenido hasta ahora, de lo importante que es sanar la relación con la madre para el proceso de transformación que buscamos para cada uno y para provocar el cambio que necesitamos en el mundo.  Hoy es día de las madres en mi país de origen y claro, cómo no sentarme a escribir un poco de eso que se me ha movido a mi también en estos días y compartirlo contigo.

Tu madre es la entrada a la vida, dice Bert Hellinger. Nuestras vidas dependen del “Sí” de mamá y de su decisión de darle continuidad a lo que se empieza a gestar en ella.  Ella es nuestra primera pareja y a través de la relación con ella aprendemos y registramos las bases para las demás relaciones: con nosotros mismos, con los amigos, con las parejas, con el bienestar, la salud, la nutrición, con la abundancia… En nuestros dos primeros años, mamá representa el mundo en su totalidad y todo lo que hay en él, no podemos vernos separados de ella.  El vínculo con ella determina nuestra supervivencia, nuestra capacidad de vincularnos, de sentir seguridad, confianza y de poder abrazar la vida y todo lo que ella supone.

De mamá tomamos la primera referencia del modelo de mujer, de vivir la femineidad y la maternidad, en el caso de las mujeres.  En los hombres, ella referencia el modelo de pareja y la relación con la misma. En fin, es tan importante esta relación y marca nuestra vida de una manera tan determinante,   que se hace imprescindible  sanarla como uno de los primeros pasos en la reconciliación personal.  Sanar la relación con mamá nos abre el camino para sanar todos lo demás vínculos.

Cuando tomamos y reconocemos a mamá tal como ella es, cuando reconocemos su historia y sus propias heridas,  cuando nos ponemos en nuestro lugar con respecto a ella,  cuando tomamos sin juicios y con todo lo que supuso, esa primera historia de amor, encontramos la paz, el alivio, respiramos… Es el paso obligado hacia la transformación profunda del corazón en el plano humano y  el que nos permitirá avanzar en la vida en todos los órdenes, incluyendo el espiritual.   Desde esta mirada, no hay forma de llegar a Dios, de llegar al creador, de descansar en él, incluso de confiar,  si antes no reconciliamos la forma elegida por la propia fuerza dadora de vida para que lleguemos a ella, a la vida misma.

Por otro lado, el número 40 se repite muchos textos sagrados.  Según narra la Biblia, cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo sobre la tierra en los tiempos del diluvio; cuarenta  fueron los días que  Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su vida pública; Moisés guió al pueblo de Israel durante 40 años por el desierto hasta la Tierra Prometida y pasó 40 días de oración en el monte Sinaí antes de recibir las Tablas de la Ley.  No es casual que el bebé necesite de 40 semanas en el vientre de mamá para estar listo y salir a la vida y que sean 40 días los que la mujer necesite para que sus órganos vuelvan a la normalidad luego de parir.

Nuestras antepasadas sabían todo esto y tenían la costumbre de guardar la cuarentena, llamada “riesgo” en el argot popular de mi país y puerperio en la terminología médica.  En este tiempo se le daba un cuidado especial a esa mujer que iniciaba un período de adaptación a su nueva condición, con un cuerpo en cambios y con un nuevo miembro de la familia a quien dedicar su mayor atención. A esta madre se le alimentaba  de manera especial, se le proveía de plantas y remedios para ayudar su recuperación, se le permitía descansar de otras labores, brindándole el espacio para ella dedicarlo a cuidarse a ella misma y  a amamantar y cuidar su bebé. Durante ese periodo, otros miembros de la familia son los que cocinan, limpian la casa y atienden a otros niños, si los hay.

El número 40 se ha asociado a “tiempo de preparación” y se ha visto como un tiempo simbólico que también da la oportunidad a nuestra psique de incorporar lo nuevo, que permite el cambio en la mente y en el cuerpo necesarios para avanzar, para asentar el proceso de nuestra transformación profunda y  dar paso a ese ser renovado en la frecuencia vibracional buscada.

Es por todo lo anterior que te invito que te unas a mi propuesta personal de hacer una Cuarentena. En este tiempo de los próximos 40 días, inicia, si no has hecho nada antes, este bello  trabajo de conexión con mamá.  Si ya has trabajado, siempre lo puedes revisar, reforzar, mirarlo desde la perspectiva que tienes ahora y desde tus nuevas referencias y manos a la obra!  Diseña tu propia  terapia, usa tus recursos, estoy segura que ya cuentas con muchos y de todas maneras te voy a dar algunas ideas.

Todos los días durante esos 40 días, que tus oraciones, tus ejercicios  y prácticas espirituales vayan en la dirección de liberar tus memorias de dolor profundo, de limitación, de abandono, de separación, de carencia, de ira, miedos que se hayan improntado en tu cuerpo, en tu alma y que tengan que ver con ese primer vínculo. Que sean liberadas y sanadas.  Saca un espacio en la mañana o en la noche, cierra tus ojos, visualízate pequeño/a frente a tu mamá, inclínate ante ella  y  reconócela grande.  Durante el día, cada vez que pienses en ella, di gracias, agradece todo el tiempo, la gratitud es sanadora.

Haz ejercicios respiratorios y recupera la respiración por el vientre. Imagínate que con cada inspiración tu ombligo sale y con la exhalación se hunde. Te has dado cuenta cómo respiran los bebes?  Su respiración es más abdominal y por tanto más completa. Recupérala, sintonízate con lo que te faltó y ayúdate haciendo consciente tu respiración. Es un recurso excelente para el cambio de la memoria que se ha registrado en el cuerpo. Respira de esa forma, conscientemente unos minutos cada día.

Haz tu árbol familiar, date cuenta en lo que estás repitiendo y toma consciencia de lo que no es tuyo. Solo con llevarlo al plano de consciencia lo comienzas a cambiar.  También te comparto algunas palabras de resolución de las que usamos en la terapia sistémica que podrían serte de utilidad:

“Mamá, tomo la vida de ti. Por favor, mírame con bien si lo hago diferente a ti”

“Mamá,  tomo la vida como me viene de ti. Cada vez que sea feliz, lo haré en honor a ti”.

“Mamá, con amor y dolor te dejo en la muerte. Ahora, yo me quedo con la vida. Mírame bien si me quedo en la vida. Ya nos encontraremos”.

“Mamá, honro tu destino. Por favor bendíceme si puedo seguir mi propia vida”.

“Mamá, tu historia es más grande que yo. Yo no puedo ocuparme de tu destino, es mucho para mí. Gracias por la vida que me diste. En tu nombre haré algo bueno con ella”

“Mamá,  ahora puedo ver tu dolor y la falta te hicieron tus padres, la misma falta que tú me has hecho a mí. Por favor bendíceme si lo puedo hacer diferente”.

Crecer significa dejar de quejarnos de lo que no recibimos y empezar a suplirnos desde la gratitud de tener la vida.  Abrázate, quiérete, recupérate durante este tiempo. Crea las condiciones de suplirte todo lo que te hizo falta y conéctate con un sentimiento de abundancia, de cariño, de compañía, de protección, de seguridad, confianza y de amor.  Víbralo durante estos 40 días para que tu sistema biológico lo incorpore y tus reacciones, pensamientos y sentimientos automáticos, frases limitantes incorporadas, empiecen a cambiar.

Durante este tiempo, si reconoces que necesitas ayuda para trabajar algunos aspectos que no has podido manejar por ti mismo/a, búscala, dale prioridad. Mientras, es mucho lo que puedes hacer y lo que está en tus manos, en lo que nadie te puede ayudar ni hacerlo por ti. Creemos juntos/as ese cambio que queremos ver en nosotros y en el mundo, te animas?

Si te quieres unir a la ola expansora de sanación, por favor compártelo.  Te deseo lo mejor!

Raluna

New York, 29 de Mayo, 2016

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Dra. Raquelina Luna © 2016
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